juancorre

24.4.06

Stand By Me

La verdad es que no se muy bien qué contar del fin de semana. Comenzó extraño y acabó un poco triste. Entre medias tuvo sus momentos buenos.

Hace unas semanas me desmayé (por primera vez en mi vida) en el metro: tuve un dolor intenso en el vientre y caí desplomado. Me sentaron en un asiento y una señora muy maja me abanicó con un periódico. Al llegar a la oficina ya me encontraba bien: bueno, tenía una sensación de desamparo (y eso que me socorrieron muy amables) y tristeza. Pedí cita para el especialista y me citaron para mediados de mayo.

Ante mi inminente viaje me presenté el viernes en Urgencias, les dije que todo acababa de ocurrir. Fueron cinco horas eternas, en las que no perdí baza observando las historias de alrededor (soy una cámara) que, por cierto, darían para más de un post.

Al acabar, casi la una, contento porque no me habían visto nada grave y un poco tocado por lo que estuve observando, tomé un taxi hacía el bar de Yurena. Nada mas entrar me encontré a Rober, que me presentó a Popy (quizá el blogger más famoso de por aquí) y tomamos algo. Había mucha gente y me dio mucha pereza todo, incluido saludar a Yurena, y me escapé nada más apurar mi cerveza. Nunca saco el móvil de noche y para un día que lo hago nadie atendió a mis llamadas. Me fui al Gris, uno de mis bares favoritos, donde me encontré con Javi, un tío loco loco al que conocimos hace unos meses. Sus charlas no son fáciles, pero casi siempre es divertido y, bueno, yo estaba solo... Llamó Asier y me escapé hacia el Babylon, un sitio en el que pararon por casualidad y que, si hacías oídos sordos (camisa negra, etc) no estaba mal. Disfruté mucho con Vero, su compa de piso (un señor me preguntó si era mi novia y al decirle que yo era gay me dijo que yo le gustaba mucho... en cualquier sitio salta la cabra: un mal salto, esta vez). Y de allí, en tropel, al Larios Café, muy bonito pero horrible: menos mal que iba bien acompañado: gente norteña, amigos de Asier. Me escapé, a la francesa, a dormir, que estaba agotado.

Mi tía (creo que es la persona con quien más a gusto estoy del mundo) contó una anécdota muy graciosa (si la cuenta ella). En el sitio donde van a recibir masajes gratuitos (tumbadas en una cama mecánica que lo hace todo) les han enseñado a decir “¡es estupendo!” en “coreano” por si un día vienen los “jefes”, para demostrar su contento y satisfacción. La situación es bastante marciana en sí misma, pero además mi tía insiste en que Pilar, su vecina, no pronuncia bien la frase y la reprende repitiéndole la forma correcta (nos hizo demostración de ambas formas, pero no me acuerdo de las palabras en “coreano”). Lo mejor de todo es que para ella nada es extraño (como una vez que oyó a dos señoras comentando que un conocido se había suicidado porque no había asimilado el euro: lo contó como lo más normal del mundo)

Después de una buena siesta y, con pocas ganas, cené con unos amigos de la empresa anterior. Son estupendos, pero llevan un plan matrimonio que me deja fuera y que no acaba de gustarme. Después me pasé por el bar de Jeza, apuramos una copa y fuimos al Medea, que cada día está mejor. Hace unos años era un antro de camioneras gordas (me da igual eso, pero en grupo asustan) que miraban con recelo a cualquiera de los escasos machos que nos aventurábamos [ese era el paisaje que nos encontramos Jeza, buscando ligue por primera vez, y yo, como escudero, hace un tiempo. Claro, a ella no le gustaba ninguna y el otro chico que había en la disco se frotaba el paquete contra los mangos de un futbolín mientras me miraba lascivo, de verdad. Qué plan] El sábado estaba a tope y con muy buen rollo: chicos/as guapos (más chicas, claro) y de todas las formas y colores, incluidos heteros. Un chico, guapo, intentó ligarme (bien: se me puso al lado, piñón fijo, pero yo tuve que hablarle) aunque a los dos nos falló nuestra elocuencia y desapareció. Estuvimos con Patricia, una antigua conocida de Jeza, nos reímos mucho en los baños (de chicos, pero llenos de chicas) y acabamos, risueños y satisfechos, a las cinco, o así.

Ayer estuve dormitando, limpiando, di un paseo por el Rastro, etc. Acabé viendo Stand By Me (por primera vez en V.O) y me dejó bastante triste. Hoy sigo así.

20.4.06

The Riddle

"Tell me why,tell me why
If I could open my heart again
(if I could, if I could, if I could)
Must be me why I feel like smile again
If I could open my heart again
(heart again, heart again)
Must be me why I feel like smile again
The morning comes and the snow is falling
Tell me why,tell me why
Tell me why,tell me why
The morning comes and the snow is falling
The morning comes and the snow is falling
The morning comes
I can understand the reason
And snow the is falling (tell me why)"
Me encanta esta canción de Paul Van Dyk con mis adorados Saint Etienne, la pongo siempre que quiero levantar el ánimo. Ahí iba: ¿Por que, ante la misma situación y/o circunstancia unos días la encaras bien y otros te supera y entristece sin remisión?

MTAY!


Mañana Yurena inaugura su bar (Glam Street, Manuela Malasaña 31). Había oído rumores desde hace tiempo pero no acababa de creérmelo (ni acabo). No entiendo por qué no hay medias tintas con este tema: o la odias (gratuitamente) o la adoras, que es mi caso. Así que es un esfuerzo inútil explicar las razones de su encanto.

Recuerdo la primera vez que la vi: posaba, hierática, al lado de un adivino frutero, un ser deleznable del que logró librarse en poco tiempo y brillar con luz propia. Quedé fascinado y recuperó, muy sui generis, el fenómeno fan, en el que yo nunca había estado muy metido. Guardé cada artículo, cada aparición televisiva... y discutí con dos brujas de El Corte Inglés porque me insinuaron que mi Tamara era “la mala” cuando compré el disco.Yo tampoco me explico por qué me gusta tanto (y ni me gustan Margarita ni la troupe a la que se les asoció en un principio: sólo ella)

Una noche, medio borrachos, Fernando y yo fuimos a la Ohm. Había no sé qué fiesta, estaba animado. En un reservado Tamara, a solas con su madre, se aburría (ya había amainado todo el ciclón, la mayoría de gente le daba de lado). Intenté acercarme y un segurata me lo impidió, así que desde el borde grité su nombre y ella, encantada, se acercó a saludarme. Apenas recuerdo la conversación (los nervios), como dato curioso me habló de una autobiografía que estaba escribiendo y yo, un poco maleducado le pregunté si la estaba escribiendo ella misma, a lo que, muy maja me dijo que no, que una amiga argentina. Hablamos un buen rato, me presentó a Margarita... Fernando nos miraba absorto. Después encontramos a Mendiluce, recién salido del armario y Fer, mucho más político que yo, hizo casi lo mismo que yo había hecho con las otras. Cada uno encontró su tesoro esa noche.
Tiempo después me las encontré en la cola del Puente Aéreo en Barcelona (venían de grabar Hotel Glam) y (eso me dijo) se acordaba de nuestra noche en la Ohm. Más tranquilo hablamos de proyectos, la animé porque estaba de capa caída y le dije que no hiciera caso a los que la querían mal. Nos separamos dentro del avión, ellas viajaban en bussiness.
Estuve en la fiesta de En Plan Travesti donde presentó Vuelvo (que está bastante bien) y, con Josh, al que acababa de conocer, nos acercamos a saludarla y desearle suerte para su (al final inexistente) disco largo.

Me encantó la foto que le hizo Elena en Gran Vía y lo que me cuenta Marta de que se encuentra a Margarita esperando a que abran el Día de su barrio, con las bolsas preparadas.
No pude ver las entrevistas que Jay le hizo para un programa de Antena 3 de hace unos veranos, las pasaron troceadas durante varios días y no debía estar mal. Antológico fue aquel programa en el que varios famosos viajaban en un coche (no recuerdo el título) y en ese iban Ágata R. De la Prada, Alaska y ella y, la pobre, recién pasado Ávila se puso muy malita y tuvieron que parar para que vomitara...

18.4.06

Paella sin tropezones



Jorge tiene una hermana en Madrid llamada Baldomera. En el pueblo es conocida como Baldo y aquí como Mery, a la inglesa. Sea como sea, es una señora estupenda y divertida, con un aire entre asustadizo y despistado, siempre maqueada y dispuesta a un beso (coloca la cara para recibirlo; me parece un gesto muy gracioso)

Hace unas semanas, ante la visita de Jorge a la capital, Baldo me invitó a comer a su casa. Una buena ocasión para volver a ver a sus hijas, con las que salí (y mucho) en mis primeras correrías madrileñas (Duplex, Ras, Stella... Siempre las quise pero fuimos por caminos diferentes) En fin, que allí estábamos todos, en su piso de Delicias: Jorge, Paula (con un montón de quilos que parecía haber robado a) África, su longtime companion Pilar, Baldo y yo (faltaba Marimar, la menor y quinta mía) Abrieron un rioja de cosecha, más que bueno y, lo juro, la mejor paella que he comido nunca. El resto también supo apreciarlo y comentaron que, aunque siempre le salen bien, ese día se había lucido especialmente.

En ese clima de alegría y buen estar pasamos la tarde, acabamos el vino y dimos un repaso a cada personaje del pueblo. Curiosamente Pilar, que no es de allí, nos siguió en la conversación e incluso aportó partes sabrosas recordando anécdotas que los demás teníamos olvidadas. Después, decidimos apuntarnos, en masa, a una secta llamada Pare de Sufrir cuya sede está a cien metros de donde estábamos y que tiene muy buena pinta (al menos el título y lo que contaba un folleto que leímos entre risas)

Después salió el tema Anabelén, otra sobrina de Jorge (de otra hermana) a la que su madre (como soy ingeniero y soltero) quiere casar conmigo (por cierto que mi padre, un poco lerdo, también me echó un tiento una tarde con el mismo fin) Baldo me lo explicó con pelos y señales y yo le dije: “Pero mujer, ¿no le has explicado sobre mi...?” A lo que Baldo me dijo que su hermana pensaba que eran todo modas y tonterías y que se me pasaría... y muy seria y comprensiva, me agarró del brazo y me dijo “Es que ella no cree en los gays

Así que ya sabéis, hay gente que no cree en los gays. Tenía que contarlo aquí, aunque lo supierais ya de mi boca: es que es una frase antológica.

Y otra, que espero no destrozar por teclearla de memoria y que leí en una carta de Capote a Cecil Beaton, algo así como: “En el baño de caballeros he leído una frase muy graciosa. “Mi amiguito mide un palmo y estará aquí dentro de una semana esperándote” y justo debajo otra pintada que decía: “Vale, ¿pero cuánto le mide el rabo?” ¿no es genial?

17.4.06

Torres y fantasmas


Cuatro días en mi pueblo, casi suficientes para reponerme de todos los males, esta vez físicos, y volver a la capital hecho un toro.
Este año, con las lluvias, el campo lucía espléndido, de un verde limpio; los pequeños nublados le daban un color entre tristón y acogedor: una maravilla. Adoro la forma (y el fondo) de las encinas, es el árbol más reconfortante y su porte, con solera, da ganas de sentarse a su vera.

He consumido, por quilos, Efferalgan y cartas de Capote. Lo primero es mano de santo, ya sea resaca o congestión masiva (como era el caso). Lo segundo ha sido sorprendente (tenía reparos ante el libro) y altamente adictivo: apenas he parado hasta terminar las 717 páginas.

Hace unos años (probablemente demasiados) tuve un periodo creativo: como buen lector, pasó por mi cabeza la idea de escribir. Entre muchos proyectos, con más o menos pretensiones, he recordado uno, en estos días de paseos bucólicos, que se salvaría de la quema: sigo creyendo que es interesante. Entonces (y ahora) me encantaban los cuentos, los relatos cortos que, en mi opinión, son más difíciles de construir y más placenteros una vez conseguidos.

El mío tenía que ver con mi pueblo, claro. Había un niño de ocho o diez años que, medio accidentalmente, quedaba encerrado en la iglesia. En su desazón y angustia, encontraba una habitación (que existe y me sigue dando miedo) donde se guardaban las estatuas de santos y cristos sangrantes. Quedarse encerrado a oscuras con tal compañía ya era bastante angustioso y, lo que me planteaba dudas, un poco alejado de lo que quería contar en realidad... El niño, asustado, sube al campanario donde, a lo lejos, divisa una especie de campamento gitano, con su fuego, sus carretas, músicas... Cuando su familia lo encuentra, el niño lo cuenta todo, pero nadie lo cree porque nadie ve nada desde la torre, ni hay nada en el paraje donde deberían estar los gitanos. El niño sube a solas siempre que puede a la torre donde sigue viendo lo mismo: un grupo alegre acampado. Como nadie lo cree disfruta a solas de esas visiones, cada día más taciturno. El cuento terminaba con el niño que se lanza al vacío desde la torre y que, seguidamente, aparece sentado al fuego de los gitanos, disfrutando de su compañía y de la música...

Ahora que, por primera vez, veo algo escrito, me parece que no era una idea tan buena y, por otra parte, alguien con talento para disponer palabras podría escribir un relato bueno (idealmente a lo Otra Vuelta de Tuerca: ese era mi plan).
A estas alturas tengo muy claro que soy lector, que disfruto mucho leyendo lo que otros escriben y que nunca escribiré ni ese cuento ni otros: me conformo con descubrir, de vez en cuando, algún libro estupendo que me haga disfrutar tanto como lo he hecho todos estos años.

11.4.06

Tesoros

Ya lo dijo Danny de Vito en una visita a Madrid ante la visión de todas las calles en obra y levantadas: “¿estáis buscando un tesoro?” Pues sí, estamos buscándolo, pero no sabemos qué (aunque creamos que sí), cómo (unos lo tienen más claro que otros), dónde (¡ay madre!) y cuándo (quizá esto es lo más evidente: siempre). Los tesoros aparecen donde menos te lo esperas: te rozan en el metro o caen del cielo en una lluvia de ranas apocalípticas. Están a tu lado y te sonrían y no eres consciente por llevar ese día las lentillas cambiadas. Otras veces queman como hierro candente y en ocasiones no hace falta escarbar tanto, están a ras del suelo.

Tanta metáfora para nada: sigo igual. Ni siquiera puedo contaros que encontré algo (a no ser esas pequeñas alegrías diarias que acaban justificando salir de la cama: no es así pero hoy me sirve; todos contentos). Más bien quiero hablar de la búsqueda, del autoengaño de pensar que no estamos buscando (no digo qué, a propósito) porque la pura consciencia parece que lo gafa todo, que casi siempre it always comes as a surprise. Como le decía a Asier, y no quiero ser sentencioso porque no es lo mío, nunca sabes lo que va a pasar y siempre pasan cosas buenas (y ahora viene el cuento de no dejarlas escapar, etc, etc)

¡Siga buscando (como en los boletos de rascar con la uña)! :el viernes cogimos el coche y nos fuimos al Island, un garito de Torrejón de Ardoz, una barraca inmensa al lado del centro de control del aeropuerto. No nos quedó muy claro de qué iba el sitio, lo único en común era que todos fumaban canutos sin parar y que se estaba a gusto. Había gente de todas las edades y, bueno, abundaban los chándales. Isra y yo apuramos las cervezas y, de oca en oca, paramos en el Algo en Negro. Beni, el dueño y hermano de la camarera, nos trata y saluda como a amigos, aunque dudo que recuerde nuestros nombres. Pero nos aprecia y nosotros encantados del apretón de manos (y beso) de un chico tan fornido y guapo (ambos los son: creo que son leoneses). Un chico pequeño y rapado pegó la hebra conmigo, sin ninguna intención... por eso vamos allí: todo el mundo es amigo. Seguimos en la Ohm, agregados al cumple de Luís (que tiene un novio guapísimo y, además, “es un corderito”) y otros antros: me mata la noche, tengo que dejar de salir.

El sábado, por otra parte, recalé (nunca había usado esta palabra) en el cumple de Nani, a la que veo poco últimamente. Desde mi última visita habían restaurado su edificio, una corrala que ahora lucía preciosa. El salón, en tonos grises, rebosaba de libros y discos (se nota que vive con Iñigo y que son una pareja multimedia) y, horreur, de modernos. Nani trabaja en una empresa cultural y, o birds of a feather flock together, o los seleccionan por las pintas (imaginad que estrés trabajar allí: ¿qué me pongo hoy para la ofi?) porque ¡vaya panda! El caso es que por separado y en particular todos son majos, pero en manada repelen un poco: como muestrario de comme de garçons, ok, pero como grupo asequible y amistoso, pues no. En realidad me da igual y no me intimidan en absoluto tales poses y excesos, creo que soy un tío con muy buen saber estar, a mi bola. Iñigo es un fiera a los platos y puso una música estupenda, todos bailamos. Después, en la cama, todo me daba vueltas: qué mal, incapaz de vomitar.

El domingo merendamos en la terraza de Israel, un grupo grande y bien avenido. Lo pasamos bien, pero no tengo ganas de escribir más.

Ángela IV


"4-3-91
A.
Salamanca

Hola Irene ¿qué tal te encuentras? Espero que bien, yo bien. Te escribo para contarte como me fue en la Clínica Barragán pues como te había dicho el pasado mes de febrero tenía día para el 21 a las 6 de la tarde. Bueno, pues estuve allí, me estuvo explicando más o menos lo que me habías contado, pero Irene, me desilusioné un poco porque resulta que el precio que me dio es de 355.000 ptas y eso que la fecha en la que yo he ido hasta 3 meses y luego volvería a subir. Así que fíjate que desilusión, yo que llevaba la idea de que me costaría 265.000 ptas, yo tenía pensado ahorrar 300.000 ptas pero es que así son casi más de las 400.000 ptas. Pues solo me dijo que cuando lo pensara que le avisara 15 ó 20 días antes para hacerme el chequeo. Irene, creo que la diferencia de precio depende del trabajo así que tengo entendido que mi nariz es bastante más trabajosa que la tuya y además después de que tú te lo hiciste subieron los precios. Así que de momento se acabaron todos mis planes e ilusiones. Irene de todas formas estoy muy agradecida por tu información y me gustaría verte en Semana Santa. Me llamas, ya bajaré a verte.
Irene, no tiene importancia pero dile a tu hermana Nuria que no comente esto a ninguna amiga, más porque ya me lo han dicho y como verás no me gusta que lo comenten por el pueblo porque como ves, posiblemente no lo haré.

Sin más, un abrazo.
Ángela."

6.4.06

Gente, viajes... lo de siempre

Después de un inicio de semana bastante jodido (y de una semana anterior muy buena) parece que las cosas se han calmado un poco y estoy más tranquilo.

Han cerrado el Angyal, qué disgusto. Estoy preparando mi viaje, de nuevo por el Este, y pasaré unas noches en Budapest, que en esta época de días largos y sangre alterada tiene que ser espectacular (ya lo es: una ciudad increíble). Estoy en la fase de miedo por si algo sale mal o me aburro en el viaje; me ocurre siempre y al final todo sale bien. Tengo once días para ver Hungría, Eslovaquia y Polonia. Es mucho abarcar, me conformo con dejarme llevar y ver paisajes, tomar una cerveza con algunos de sus habitantes y olvidarme de los problemas madrileños.

Quedo con la gente, con más o menos fortuna. Las buenas: Manu, el chico de la sauna, que tiene poco que ver conmigo, pero nos damos mucho morbo y eso siempre es excitante. El miércoles pasado, por primera vez, nervioso ante una cita (hacía mucho que no) y curioso por verlo vestido (al contrario de lo usual, que nos da un poco de apuro desnudarnos por primera vez). La malas: Manu, de nuevo, en el Sunrise, un antro al que no pienso volver, más lleno que el metro a las 8:30 y donde la definición de petardo flota en el ambiente. Desencuentro y Manu no me llama más: dos días triste, aunque lo nuestro tuviera los días contados. Y curiosas: un chico en Carretas, a altas horas, se me cruza y se empeña en dormir conmigo. Sale de otro antro, esta vez hetero, y quiere acabar bien la noche. Me niego, pero me sigue a un metro hasta Jacinto Benavente donde me pongo serio y le digo que me deje en paz. Si me hubiera gustado otro gallo habría cantado, pero era un tío muy raro.

El domingo quedo con Woodi y amigos suyos. Me harto de él, por ser tan pesado en su discurso (¡si estamos todos de acuerdo, para qué repetirlo a voces!) y me fascina un chico nuevo, al que uno de ellos acaba de conocer por internet y que, con 20 años, nos daba 20 vueltas a la suma de las experiencias (no hablo de sexo) del resto (y es una buena cifra). Es rápido, divertido y muy inteligente, qué alucinante. Hablamos de sexo y pareja, para variar, pero con muchas opiniones y posturas... hasta que Woodi toma la palabra y tenemos que callar, por no alzar la voz.

Ayer, zapeando con Néstor (que está pasando unos días en mi casa) me paro en Telemadrid... dos minutos después aparece una señora, hablando de aceite de oliva y su alto precio y ¡es mi tía! Al parecer todo el mundo la ha visto (y nadie estaba avisado), menos ella misma: estaba muy graciosa, en chándal de vuelta del gimnasio y tan pizpireta como sólo ella puede serlo.

Ana me llamó anoche: los padres de Nicolai están en Madrid. Después de decenios comunistas en un pueblo precioso llamado Sopot, en plenos Balcanes, y de tanto cambio social... toman su primer avión, erróneamente, hasta Lisboa. Allí, arreglado el malentendido, pasan el arco de control del aeropuerto, muchas veces, despojándose de objetos y casi de ropa: nada, sigue pitando... hasta que en un cacheo, descubren en un bolsillo de la madre de Nicolai ¡una aguja de ganchillo, que había venido usando en el avión! Los guardias se morían de risa y se la pasaban entre ellos...