juancorre

29.10.05

Chicles!



Dos historias pasadas con algo en común.

Madrid, andén de metro de Oporto. Observo a un chico y una chica sentados, demasiado juntos. Ambos miran al frente pero el chico, sigiloso, acerca su mano al bolso de la chica e intenta abrirlo, sin hablar. Todo es rápido pero en mi cabeza se eterniza por la indecisión de decirles algo. Me armo de valor y, con el corazón a cien, le digo a la chica: “Mira, creo que este chico te está robando”. Ella, extrañada, me dice entre sonrisas: “Es mi marido y me está cogiendo un chicle” Me disculpo y las pulsaciones pasan de mi corazón a las mejillas, me muero de vergüenza y ella me anima, como agradecida y repitiendo”Que valiente has sido”. Llega el metro y monto en un vagón distinto porque no puedo hacer un viaje con ellos cerca…

Berlin, Tom´s Bar, con Carlos y dos cervezas de medio litro. A nuestro lado alguien habla en español y pegamos la hebra. Uno es catalán y pesado y el otro es mejicano, menudo, rubio y guapo. Demasiado, en plan efebo (como yo imaginaba a astredu antes de ver sus fotos) y muy distinto a los que suelen gustarme (más gañanes). Carlos se escapa y me quedo hablando, de repente fascinado por el mejicano: no puedo dejar de mirarlo y de sentir ternura. Me asusto de algo tan rápido y extraño y salgo huyendo en busca de Carlos, que anda perdido en zonas sombrías. Me pierdo yo también con alguien majo, mayor y que me invita a una cerveza después de todo. Aparece Carlos y escapamos al hotel, un poco noqueados por la noche. Me despierto y voy al baño donde, entre ascos y risas, encuentro un chicle que une mi perineo y mis calzoncillos. No puedo creerlo y me cuesta esfuerzo y gritos librarme de él [María dice que seguro que el alemán lo dejó allí temporalmente, que pensaba recogerlo al terminar, pero se olvidó]

21.10.05

GH7



Me encanta Gran Hermano y lo defiendo a capa y espada. Es absurdo razonar o intentar defenderlo ante la gente que lo detesta (y que mucha acaba viéndolo, sin reconocerlo) porque hay cosas que son así: o te gustan o no. Lo sigo desde el primer día de la primera edición (sin aspavientos, si me lo pierdo no pasa nada) y me encanta comentarlo con mis amigos. Bueno, sólo con los que se declaran fans como yo. Tanto que cada año, el día en que entran los concursantes en la Casa preparo cena en casa y nos pasamos un buen rato entre risas, cervezas y llamadas y mensajes de los que no han podido venir.
Este año no ha podido ser y me da un poco de tristeza y de rabia. Tengo turno de noche, no estoy en Madrid y no he podido escaparme un momento a la cafetería a echarle un vistazo. Encima, los de un foro que suelo visitar (que no es de GH) me ponían los dientes largos, comentando y despellejando con mucha gracia. Así que, solo basándome en sus fotos oficiales, mi favorita es Inmaculada Contreras (la de la foto), por razones obvias. Ya veremos al final…

Sacado de la página oficial:

“Es licenciada en Biblioteconomía y prepara oposiciones para Auxiliar de Biblioteca. Ayuda a su padre en el negocio familiar de distribución de pescado. Tiene un novio tan absolutamente entregado a ella que lleva su cara tatuada en el hombro. Su principal afición es maquillarse, lo que hace de forma realmente llamativa. No consigue trabajo fuera de la empresa familiar y ella lo achaca a que la gente no admite su particular apariencia.”

Del foro de la página oficial (que no es el que yo leo):

"pues a i la chavala esta la inma me cae bien es de mi estilo pero yo no me pinto pero me gusta el oro tanto comoa eya ole ay tu coñooo yeva la misma pulsera ke yooo
nick :me encanta el oro. fecha: Viernes 21 de Octubre a las 03:12"

Piscina: 2000 metros. Con fuerzas. En el spa un chico retrasado me ha dicho que tuviera cuidado por donde entraba, que me cubría… Bueno, era imposible, pero me ha hecho mucha gracia que se preocupara por mi.

19.10.05

Carlo (y, al final, Laura)


Pues sí, un tipo interesante. Me acordé de él estos días pasados, mientras cruzábamos los Alpes: había nacido en un pueblo italiano, muy cerca de donde andábamos.

Nos conocimos en La Habana: era invitado de Ramón e Ignacio y desde la primera noche pude ver que le encantaba relatar historias y aventuras, con ese tono de “alrededor del fuego, mientras se asan las castañas”. Las que nos contó esos días no tenían fin: marinos, peleas, cárceles… muy novelesco. En una de esas acabó en Cuba y fue defensor acérrimo de lo que allí ocurría (ahora estaba desencantado y escéptico con todo, aunque su tono de voz vehemente delatara lo contrario). Bebimos mucho ron con zumo de lima, cerveza de fruta bomba (papaya) y nos hicimos amigos.

Estaba en Cuba por amor: conoció a una negra tremenda que lo había hecho vibrar después de mucho tiempo (con la famosa técnica del sacacorchos, entre otras cosas). Incluso había probado distintos métodos quirúrgicos (bastante grimosos de describir) para sobrellevar su impotencia, debido a la diabetes. Por eso mismo veía bastante mal y era toda una estampa cuando nos colábamos en la piscina del Hotel Nacional (uno de los más bonitos que he visto) casi de la mano, yo sin mis lentillas para poder bañarme (y con gafas veo mal: mi queratocono) y encima simulando estar hospedados allí. Dos rompetechos tropicales.

Carlo es de lo poco memorable y bueno de ese viaje: pasamos muy buenos ratos juntos y prometimos vernos en España.

Quedamos un día, después de muchas llamadas, en su pueblo, casualmente no muy lejano al mío. Jorge y yo dimos con su casa a las afueras, llena de perros… y de Laura, su mujer. En seguida ésta nos fascinó: veía a Jorge mirarla como yo lo hacía. Colgó los hábitos por amor a Carlo, a primera vista (seguro que era un tío guapo, se podía ver incluso después de tantos años enfermo) y tenían mil aventuras que contarnos de su vida en el pueblo (incluso tenían recortes de periódicos: protestas, sucesos en reivindicaciones, etc. Todo muy rojo) El caso es que todo había acabado en un ostracismo obligado y casi deseado: no tenían relación con los demás del pueblo.

En medio de la cena, Laura se echó a llorar. No comprendía que Carlo la dejara por la negra y no sabía como retenerlo. El seguía siendo su amor y parecía pedirnos ayuda. La verdad es que fue un momento muy triste y muy tenso que nos dejó mudos el resto de la visita. Nos enseñaron su casa inmensa, con un primer nivel que se hundía en el suelo y que daba un poco de miedo, tan desolado por una pareja tan especial. Laura quería abrir una casa rural cuando Carlo se escapara definitivamente (a mi esa casa, lo siento, me parecía más de Viernes 13 que de disfrute bucólico). De vuelta, en el coche, Jorge y yo, muy tristes por todo, no dejamos de darle vueltas a nuestra heroína de la noche: Laura.

Ahora, Carlo está con su negra en Italia y en el teléfono de la casa me sale una señal de fax cuando lo he intentado. Les deseo lo mejor a ambos, que son estupendos ¿no?

Piscina: 2000 metros, agotado.

18.10.05

Poncho y piscina


De vuelta de la piscina he visto por detrás a un chico con un poncho precioso. Como no es normal, he aligerado el paso y me he puesto a su altura en un semáforo. Parecía mongol o de alguna zona de China donde la piel sea más oscura y muy, muy atractivo (con lo poco que me gustan los chinos físicamente). Me recordaba a los de un documental de Lonely Planet donde una chica navegaba uno de los ríos famosos (Rojo, creo) entre cañones y paisajes espectaculares. En ciertos tramos las barcas tenían que ser remontadas por braceros desde las orillas, parecidos a este chico. Sobre su pecho llevaba un paquete o mochila que tapaba con el poncho y abrazaba con los brazos. Realmente era un chico muy guapo, de éstos que casi merecen que se lo digas.

Después, mientras elegía yogures del supermercado, ha sonado West End Girls. Y mira, me ha parecido una mañana casi perfecta. Hacía tanto tiempo que no iba a nadar, que he tenido que hacer acopio de ganas y mucha fuerza de voluntad. Al final he logrado hacer 1600 metros, que no está nada mal después de cinco meses en dique seco (obligado, que lo echaba mucho de menos). Supongo que esta vuelta al ejercicio físico me ha hecho liberar las endorfinas suficientes como para alegrarme el día con un desconocido en poncho y una canción preciosa fuera de contexto. A ver si recupero mi forma y llego a mis marcas de mayo. Seguro.

17.10.05

Ljubljana, 8 de Octubre de 2005


Como no es mi día (ni lo es cualquiera en el que haya dormido tan poco) paso a comentar una noche reciente, mejor y a kilómetros de distancia:




Llegamos en tren desde Venecia y preguntamos por un hotel con buena pinta que venía en la guía. Arreglado esto, tomamos la que fue la mejor cena del viaje: unos platos variados de comidas tradicionales eslovenas, en un restaurante muy bueno lleno de turistas. Pronto vimos que la ciudad era pequeña y tranquila y llena de escoceses en kilt, clones de si mismos, que disputarían un partido días después. Había leído que cerca de la estación había marcha más alternativa y, cerca del hotel, un bar gay, el Tyffany. Al final, todo estaba en la misma zona y dimos con ello por casualidad. El sitio era bastante raro (y distinto al resto del país que veríamos después): pubs y bares en una especie de descampado entre calles, con puestos de comida asada… Pepa no acababa de decidirse pero yo tiré de ella hacia el sitio de donde salía más ruido.

Acertamos: había un concierto de dos japonesas locas, muy punketas, que metían todo el ruido posible con una guitarra y una batería y se contorsionaban entre escaleras y cachivaches, con el público encantado (hay fotos). Apuramos las cervezas al acabar el concierto y propuse el bar gay, que era uno más en la zona. Pepa era reacia a ir, pero seguí arrastrándola. El ambiente gay es internacional: uniforme vayas donde vayas; aunque aquí se veía un poco desolado (falta de solera o que no dejaba de ser una ciudad pequeña). Pepa estaba nerviosa, su primera vez en un bar así (no lo entiendo: el sitio más seguro y amable) y yo que no me asusto, pero tampoco voy mucho y me falta costumbre. Un chico rubio, muy moderno y pizpireto (no recuerdo su nombre ahora) rompió el hielo y charlamos entre risas y cerveza. Sacó un cogollo de maría y un papel y me los regaló, sin más. Yo no sé liar un cigarrillo (aunque lo fume a veces) y se lo dije, pero el tío era un espíritu libre e hice lo que pude (ni sabía que había que mezclarlo con tabaco) Así que resultó un pequeño desastre que no tiraba y que acabé guardando en mi sudadera. Pepa quería volver al hotel y la acompañé, aunque prometí volver yo solo. Así lo hice: el rubio hablaba con otro chico que me gustaba mucho y me fui hacia ellos. O ya estaba borracho (con esas cervezas de medio litro no sabes lo que llevas) o no le gustaba al chico, pero no tuve éxito, y no me gustaba nadie más. Bailé un rato, bromeé con el rubio, que era encantador y divertido y me fui hacia el hotel, a 200 metros del bar. Supongo que era el alcohol, el cansancio, no sé… el caso es que me perdí, pero bien. Y anduve errabundo por calles y calles de la Ljubljana nocturna, preguntando a los pocos grupos que encontraba, jóvenes majetes dispuestos a ayudarme pero que poco podían hacer: no recordaba el nombre ni la calle del hotel, así que solo podía describírselo. Creo que me encaminaban en lo correcto, pero volvía a perderme y un poco desesperado me eché a llorar. Es ridículo pero pensaba que no encontraría el hotel ni a Pepa esa noche (y, bueno, iba bebido). Al final, mediante otra descripción, un grupo de jóvenes acertó con el hotel y me dejaron a las puertas, donde vi el cielo.

Me levanté cansado y ojeroso, quizá por eso Ljubljana no me entusiasmó (ni a Pepa): poco más que unas casas preciosas y antiguas a lo largo de un río (tres famosos puentes y otro con estatuas de dragones que me encantaron) y un castillo anodino, con muy buenas vistas. Aunque nos quedaba mucho por ver, más situaciones curiosas y solo una pequeña resaca más en Koper, en la costa.

5.10.05

¿Por qué...

… no había visto nunca Pasión de Gavilanes, si es genial? Bueno, estos cambios de turno de trabajo y lo poco que veo la tele lo explican. Hoy no he podido quitarle ojo: muchas risas, chulazos y que todo se ve venir a la legua. ¿La sacarán en DVD?

… casi nadie ve Miradas en la 2? Es una revista cultural estupenda, con pocos rellenos de gira promocional y con reportajes siempre interesantes. Encima te ahorras no pocos noticieros partidistas y horas y horas de Fernando Alonso en los mismos.

… todo el mundo dice Moviestar cuando pone Movistar? Del mismo modo diríamos piescina en lugar de piscina, etc.

… cuando sales a comprar ropa unos días te gusta casi todo y otros días nada, nada? Hoy no me puedo quejar, que estoy muy contento con mis vaqueros nuevos y mi chubasquero para el viaje.

… siempre dice “culo contra la pared” o “maricón” el más feo del grupo de heteros cuando ven a un gay y les sale su vena más homófoba? Esto es comprobable: siempre es el horrible el que salta, ante la vergüenza del resto.

… cada canción que saca Tiga es mejor y más divertida que la anterior? I know you wanna want me, but when you want me, it might be… a different story.

Bueno, me pregunto más cosas, pero en plan más existencial y casi tan difíciles de responder como las anteriores, pero que rompen con el tono petardo.

4.10.05

Apunte nocturno

Cuando volvemos de fiesta de noche, agotadas las copas y las verbenas de los pueblos de alrededor, me encanta mirar al frente, desde el asiento trasero del coche (no sé conducir) y seguir las líneas blancas de la carretera. A esas horas no hay más que silencio y, si acaso, sombras lejanas de encinas, de alguna vaca desdichada y aburrida o el cruce siempre siniestro de una lechuza que refleja nuestros faros en sus ojos.
Con varias copas encima, la vuelta tiene un poco de derrota: mis amigos repasan las chicas que han visto y que han tenido ocasión de conocer y la han dejado pasar. Que yo recuerde, siempre es lo mismo. Como no entro en ello, ni me apetece hablar a esas horas, me concentro en las líneas al frente, que pasan rápidas, vuelan… Acabo en una especie de trance o hipnosis, como esos gallos a los que dormían dibujándoles una línea desde su pico aplastado contra una mesa. El alcohol ayuda; y el cansancio y el sueño… pero no le quito el mérito a esa línea blanca continua por la que enfila un coche solitario.

Israel me ha echado la bronca por escribir los nombres con iniciales. Yo lo veía más como una cuestión de respeto, pero igual tiene razón y voy a hacer caso a unos de los cuatro lectores que tengo, aunque hoy no me hiciera falta (no han salido nombres)

3.10.05

The Rain People y (poco) más.


Hay una escena de The Rain People, una de mis películas preferidas, en la que Jimmy (James Caan), un jugador de fútbol americano un poco retrasado debido un accidente mientras jugaba, obedece cada orden que le da Natalie (Shirley Knight), que lo ha recogido en su coche, cuando hacía autoestop. Es una situación extraña y muy especial, que se entiende viendo el filme. Básicamente, ella le ordena cosas simples y estúpidas al darse cuenta de que él obedece siempre y se lo pregunta, más o menos, con estas palabras: “¿siempre haces lo que la gente te pide?” Él responde que sí, porque “es fácil, no me cuesta esfuerzo y así la gente está contenta” [siento no recordar las palabras exactas].

Quiero contar que, ya que es igual de simple ser malo que bueno, pues seamos buenos. Como lo digo. Creo que me estoy metiendo en camisas de once varas con esta divagación, bastante ingenua, sobre la maldad y la bondad y que no voy a llegar a ninguna parte que no sea darle vueltas a lo mismo: que hay que ser bueno, con los demás (principalmente) y con uno mismo. Igual me lo planteo porque alguien me dijo hace poco que había hecho daño a un amigo (seguro, me di cuenta) pero ni por asomo había sido mi intención. Mi hermana Na piensa que todo el mundo va en contra de ella (el síndrome Tamara), incluido yo y, de verdad, no tengo otra cosa que hacer… Con lo esforzado que es odiar (y poco inteligente, creo).

Hace unos años, muchos, la bondad no era lo que más valoraba en alguien nuevo. Quedaba deslumbrado por lo ingenioso, divertido, ocurrente… incluso cuando eso lo provocaran comentarios retorcidos o cínicos. Ahora paso de segundas intenciones y me siento cómodo ante una sonrisa franca o una mano sobre mi hombro. Ser sarcástico me parece un insulto, me aburren los dobles sentidos malévolos, prefiero no juzgar ningún comportamiento.

Y según escribía he pensado que también es simple y fácil agradar un poco a los demás. Por ejemplo, en decirles lo guapos que van ese día (y no mentiría la mayoría de las veces) o cualquier cosa que se fije en lo bueno y obvie lo malo (cuando hay gente que hace justamente lo contrario: machacar). Todos queremos ser felices.

¿Se ha entendido? Es que suena a galimatías de catecismo adolescente, pero no había otras palabras (al menos a estas horas de la noche). Bueno, me ha hecho recordar esa película, preciosa y triste, que siempre me aprieta el corazón y la garganta.

Buscando una foto me he encontrado ésta del equipo de la película, y me ha encantado. Pego la descripción:

"Fall, 1968. The complete cast and crew on the set of The Rain People. Seated atop a ladder, third from the right, wearing a military-type jacket, bandana and sunglasses is the film's director/writer Francis Ford Coppola. Also pictured (standing from left to right), gaffer Pat Ryan, cinematographer Bill Butler, actors Robert Duvall, Shirley Knight and James Caan, boom man Antonio Sabat, associate producer Nat Boxer, co-producer Ron Colby, editor Blackie Martin, uknown, art director Leon Erickson and unknown. (Seated) third from right is co-producer Bart Patton (holding trumpet) and sitting second from right is assistant editor Marcia Lucas. On the left side of the picture, standing atop the Dodge grip van, holding a camera and with his left hand in his pocket is George Lucas, on the set to shoot a "Making of The Rain People" film. "

1.10.05

Anuncios

La otra mañana di un paseo por Madrid en plan turista. Recorrí, con el sol más cálido y amistoso, los sights cercanos a mi casa: Viaducto, Palacio Real, Plaza de España, etc. Y, bueno, por si alguien lo ha olvidado: Madrid es precioso.

Subiendo Gran Vía una chica me pidió contestar una encuesta y como tenía tiempo (y sé lo esforzado que es conseguirlo: yo hice encuestas) me dejé llevar a un sótano pelín sórdido donde otro chico estaba en ello. Me subieron un año en mi edad para ajustarse a los baremos que buscaban y les tuve que asegurar que no era periodista ni camarero. La encuesta era sobre cervezas y me di cuenta de que, siento bebedor, no recordaba ni marcas ni anuncios, solamente uno de Estrella Damm que me ataca los nervios. Veo poca tele y no me entero de los anuncios, la mitad ni los entiendo (lo juro) y, para más inri, sólo me quedo con los que me dan grima (el de Amena con los negros gritando “Fernando, Fernando” me eriza las neuronas) O soy medio autista o la mayoría de los anuncios no van dirigidos a mi (soy un tío poco consumista, la verdad). Por cierto, hay un promocional de TVE que lleva “You Can Count On Me”, la canción más vitalista del último de Saint Etienne: algo tan bonito para anunciar horas y horas de aburrimiento.

Me encantaría que estrenaran pronto Mysterious Skin, Match Point, Broken Flowers, y Brokeback Mountain de Gregg Araki, Woody Allen, Jim Jarmusch y Ang Lee, respectivamente. Hace no mucho leí una novela de Scott Heim, sórdida, deprimente, triste y aburrida. Cómo se las gastan los gays de la América profunda, espero que Araki haya tomado sólo lo bueno de esos ámbitos para su película. Ahora estoy con Pete Dexter, el segundo libro que leo de él, y cada día me gusta más cómo escribe.