Chicles!

Dos historias pasadas con algo en común.
Madrid, andén de metro de Oporto. Observo a un chico y una chica sentados, demasiado juntos. Ambos miran al frente pero el chico, sigiloso, acerca su mano al bolso de la chica e intenta abrirlo, sin hablar. Todo es rápido pero en mi cabeza se eterniza por la indecisión de decirles algo. Me armo de valor y, con el corazón a cien, le digo a la chica: “Mira, creo que este chico te está robando”. Ella, extrañada, me dice entre sonrisas: “Es mi marido y me está cogiendo un chicle” Me disculpo y las pulsaciones pasan de mi corazón a las mejillas, me muero de vergüenza y ella me anima, como agradecida y repitiendo”Que valiente has sido”. Llega el metro y monto en un vagón distinto porque no puedo hacer un viaje con ellos cerca…
Berlin, Tom´s Bar, con Carlos y dos cervezas de medio litro. A nuestro lado alguien habla en español y pegamos la hebra. Uno es catalán y pesado y el otro es mejicano, menudo, rubio y guapo. Demasiado, en plan efebo (como yo imaginaba a astredu antes de ver sus fotos) y muy distinto a los que suelen gustarme (más gañanes). Carlos se escapa y me quedo hablando, de repente fascinado por el mejicano: no puedo dejar de mirarlo y de sentir ternura. Me asusto de algo tan rápido y extraño y salgo huyendo en busca de Carlos, que anda perdido en zonas sombrías. Me pierdo yo también con alguien majo, mayor y que me invita a una cerveza después de todo. Aparece Carlos y escapamos al hotel, un poco noqueados por la noche. Me despierto y voy al baño donde, entre ascos y risas, encuentro un chicle que une mi perineo y mis calzoncillos. No puedo creerlo y me cuesta esfuerzo y gritos librarme de él [María dice que seguro que el alemán lo dejó allí temporalmente, que pensaba recogerlo al terminar, pero se olvidó]







