juancorre

30.9.05

La Edad de Oro

Qué sensación más rara lo de la Edad de Oro de ayer noche. Tanta que, además del poco tiempo libre que tuve ayer, ni sabía cómo comentar. Lo evidente es que el tiempo ha pasado y pasa para todos, que hay gente que no está (Carlos Berlanga, qué triste…) y que todos eran jóvenes, guapos y muy creativos entonces. Incluso ese punto tan ingenuo de las entrevistas les hacía más interesantes. Paloma Chamorro me gusta mucho, tiene un punto pedorro pero me da igual, me gusta. Me cansó mucho todo el tema Kaka de Luxe ¡incluso el programa era un homenaje y rememoraba sus tiempos pasados!¡Menuda vuelta de tuerca! Yo, al menos en esto de la música, no soy de los que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor, así que estas santificaciones retrospectivas que intentan algunos (conocidos míos) me dejan más que frío.[En la videoteca del Reina Sofía se pueden ver todas las grabaciones del programa. Hace mucho tiempo estuve viendo la entrevista y actuaciones de Durruti Column y los Smiths… Así que para los nostálgicos, ahí está todo]

Y yo, que no lo soy tanto, disfruté mucho del concierto de Astrud que vino después. Llevaba un tiempo desconectado de ellos, saturado del tema y un poco renegando de que me gustaran, por puro cansancio y pesadez mediática (blogs, etc). Así que me reconcilié y emocioné de nuevo. La palabra geniales pasa por ellos y me encanta como Manolo domina su voz y nuestros oídos. Genís carga un poco: no tengo nada en contra, pero cada día menos a favor. Me disgusta, no puedo evitarlo, su imagen (¡los mitones!) y esos cuatro pelos largos que me dan mucha grima. Y las gracietas, pues bueno. Sin embargo Manolo gana día a día y es un tío estupendo. Poco que decir a un concierto especial (que yo no había visto en directo, yo les seguí en sus giras más playback) y al que en 15 años algunos, que ahora pasan, adorarán como hacen ahora con los roqueros de antaño.

Ha sido una semana muy sociable: he intentado quedar con todos mis conocidos y amigos y menudo tute me he dado. Estos dos últimos días me vino bien, que así olvidaba mis penas, callejeando. La otra noche fue todo muy étnico: Il y yo fumamos shisha/narguile en un bar muy moro y animado de Lavapiés, después se presentó Mareck (contacto de Il de internet, al que veíamos ambos por primera vez), recién llegado de Brno (y con los ojos tan azules como mi dormitorio, de verdad) y lo llevamos a ese bar extraño, que es como una vivienda triplex donde tocaban música hindú, con todos tirados por los suelos, con un punto que no me convence. Menos mal que lo del Bangala no prosperó, que paso de quedarme en calzoncillos en un bar (y era necesario para entrar)

27.9.05

Bastante mal


Así estoy hoy. Supongo que no me va mal del todo pero en ciertos aspectos soy un desastre (y lo he sido siempre). Si hago un listado de cosas básicas (o no tanto) y las puntúo, teniendo en cuenta sus más y sus menos a lo largo del tiempo, hay algún campo que no pasaría de 1 ó 2 (sobre 10) mientras que otros andarían cercanos al 7 o más. Así voy tirando; el problema es que hay días en que pesan más los temas que se me escapan que los triunfos y que no hay forma de levantar los ánimos. Me encantaría andar por el 5 en todo, un poco más equilibrado y seguro.

Me obsesiona la idea de no actuar ante lo que me quejo, de no hacer lo posible por que cambie, aunque yo crea que es una cuestión de suerte. ¿Y si, de verdad, todo depende de mi? ¿ puedo hacer que todo cambie? Yo creo que no.

Esta foto está dedicada a un par de chicas muy majas con las que compartí ayer cañas y pitidos de coches. Es un escaparate cercano a mi casa, que veo muchos días. Ayer se lo enseñé a Ma y le encantó, por eso esta foto. Qué gracia, la estaba sacando esta mañana y al volverme había un moro muy sonriente y con un par de bolsones colgando de sus brazos, encantado de verme así y me ha dicho, señalando al escaparate con la barbilla, ¡qué bonito está todo, ¿verdad?!Bueno, me ha hecho sonreir en una mañana bastante triste y desganada.

26.9.05

Azul eléctrico


El viernes fui a Alcalá de Henares, al cumpleaños de Te. Me gusta hacer el trayecto en tren, me recuerda mis años universitarios. Me puse mi camiseta tailandesa ceñida que impactó a dos chicas menores de veinte que le dijeron a su amigo al verme pasar: "Tío, te tenemos que buscar un novio apañado"
En la fiesta lo pasé bien, sin estridencias, me encanta la gente que se junta en esa casa y me hacen sentir a gusto y relajado. Acabamos en un bar, fumando y repasando viajes.
Ji me dejó en Ventas, en una mañana soleada de sábado, donde dos eslavos tremendos miraban extrañados y burlones a un grupo de turistas italianos.
Por la noche tomé unos vinos con Na y Ke mientras veíamos Six Feet Under en mi casa. Nos encanta la serie y caí, por vez primera, en que David y Josito son muy parecidos: ambos quieren casarse para toda la vida. Así se lo dije, un rato después, en la fiesta en casa de La, un piso inmenso y blanco por el Pez. Me sentí como cualquiera que llega tarde a una fiesta: fuera de lugar y a distancia de su estado. Menos mal que salimos pronto a hacer botellón en el Palentino y por las plazas de ese barrio, que no controlo mucho de noche. Después Josito y yo escapamos al Gris, donde estaba Jr (lo conocí en junio) y que pasó de hacerme mucha gracia a darme un poco de miedo. Está un poco loco pero es muy listo, me dijo "Tu amigo me mira mal" Y era verdad, aunque yo le quité peso. Por el contrario, nosotros mirábamos demasiado bien a un chico que ni nos vio.
Después de una discusión, supongo absurda, Josito y yo acabamos en la Ohm. La música era la de siempre, horrible y obsoleta, pero había gente maja. De repente me subió todo el alcohol que había tomado y me puse más que contento. Por allí había algún conocido y acabamos con As, que nos había seguido hasta allí. Josito se escapó a casa y me quedé con As, que me gustó bastante y le eché algún anzuelo, sin respuesta. Total, que hablé con mucha gente y me perdí de As, así que me fui a casa a dormir.
Ayer, de relax, pinté mi habitación de un azul un poco salvaje (no me acostumbro, no acaba de gustarme) y vi The Door in the Floor, que no está mal, ni bien.
Pa se apunta al viaje. Me había hecho a la idea de ir solo, pero no me importa que venga, nos llevamos bien y nos entendemos en los viajes. Espero.

22.9.05

De grupos y sus fans


Pongo a los B52´s a todo gas: cada día me gustan más. Supongo que a todos nos toca ahora volver a escuchar los grupos de cuando éramos bastante más jóvenes. A mí me pasa, aunque no descuido las cosas nuevas, que me encanta la música. Nunca los vi en directo y no sé por qué me dan mucha ternura: tomaría un café con pastas o miles de cañas con ellos, entre besos y abrazos, en su love shack o en la mía.
Hay algún otro grupo o personaje al que no me importaría conocer. A bote pronto: Pet Shop Boys aunque me cortarían mucho. A Saint Etienne los conocí en Filadelfia, en los sótanos de un mini-bar donde actuaron y yo (que era más mitómano que ahora) me emocioné y les pedí mil besos a Sarah y a los chicos. A Robbie Williams, pero solo para un polvo, que no sé qué tiene que siempre me ha dado mucho morbo (y me pasa con muy pocos famosos) y… poco más, que recuerde ahora (me gustan muchos grupos, pero me da igual conocerlos en persona) A Yurena ya la conozco y es más maja que nadie (aunque de miedo y pereza ese punto suyo de locura y de inconsciencia) En los ochenta todos los grupos tenían una imagen y un carisma y procuraban fomentar ambos: era más fácil ser fan de alguien. Luego fue al revés: la mayoría de los grupos ni aparecían en las portadas de los discos (excepto Bjork, diva y pesada desde siempre) y yo oía los discos sin tener idea del aspecto de lo que sonaba. Ahora es una mezcla entre ambos: los ochenta mueren, por fin, y se revisitan sonidos e imágenes posteriores.

Hace una tarde preciosa: la luz en mi casa es espectacular. Veo en las mamparas de tela del dormitorio las sombras de mi ropa interior secándose al sol.

Recortes atrasados y dolor

Me he dado un buen golpe en la rodilla por llegar al teléfono (quien lo diría en mi casita de muñecas) Me duele mucho, así que he recordado que escribí un diario de viaje hace cinco años, en Grecia y transcribo una página, en bruto, como la escribí (si tuviera escáner sería más rápido y el cuaderno tiene pétalos de flores, reales, de fondo):
"Jueves, 1 de Nov.
En el ferry había 2 chicas estupendas, parecían japonesas, guapísimas y vestidas como nadie, increíble: la bajita con unos pantalones de cuadros rojos, una camisa negra y una chaqueta café claro (+ o -) la más alta un tocado extraño en el pelo, falda vaquera recogida en un pliegue con ¿imperdible?... camisa no me acuerdo y botas altas con mucha puntera. Me quedé con las ganas de conocerlas. El ferry recorre las islas y, entre pocos turistas, viajan muchos isleños, motos, camiones... Dentro, con una decoración "lujosa", la gente se acuesta o pasea, los únicos que suben a cubierta son turistas.
En Mikonos salgo por la salida de coches y me encuentro al taxista de "Matt Holydays". Al final me esperan, con mas gente (las japonesas!) junto a una furgoneta. Al bajar del coche hacía el hotel hablo con dios chicas argentinas que van al mismo (Fabiana y Judith) Parece que no quieren mucha conversación. El hotel mola mucho (fotos) y la chica que lo atiende es majísima. Descargo y me doy un paseo a buscar algo para comer. Encuentro un bar muy bonito y tranquilo donde tienen "giros" y Mythos.
Al acabar veo que hablan españoles a mi lado y hablo con 2 catalanes, David y Elena. Son un poco simples pero el al menos se intenta relacionar, ella es casi gilipollas. Doy un paseo con ellos, sacando fotos, hasta los molinos de viento y por el pueblo que es precioso.
Compro manzanas en la frutería de mi calle. El frutero es total: un hombre en estado puro: 190 cms, barba no cerrada, sino negra, fuerte y con un mechón blanco sobre la frente. Tiene cierto (mucho) morbo animal. Habla inglés bien..."
No sigo, que creo que he elegido un día un poco aburrido, con lo estupendo que fue ese viaje. Me duele la rodilla izquierda. He soñado que la ley de los matrimonios gays se volvía para atrás.

21.9.05

Perros


Al final, para no perder la costumbre, vuelvo a escaparme. Volando al norte de Italia, espero acabar en Eslovenia y quizá Croacia (las distancias son cortas). Tengo una semana por allí y algo más de otra para preparar el viaje, es decir, reservar hotel para la primera noche, leer en internet los sitios de interés y poco más. A este paso me acabarán saludando los de información del aeropuerto…

Ayer Na y yo fuimos a pasear a La por el parque. Nos encontramos al un buen grupo de perros y dueños, que se conocen entre ellos por esos paseos. Es como una cofradía o una secta: se saludan y charlan, sólo por el hecho de llevar a un perro de una correa. Por lo visto ocurre también entre los que llevan un cochecito con un bebé. No dejan de ser curiosos estos pequeños descuidos a nuestra civilizada distancia occidental. En el fondo es lo que estamos todos deseando: un rato de charla y de calor humano, aunque sea de un extraño (quizá mejor). Bueno, con lo que me gustan los perros me animé a saludarlos y en segundos me vi rodeado de muchos, algunos subiendo sus patazas por mi cuerpo. Muchas risas, pero casi me tiran al suelo emocionados con mis caricias.

Todos los días echo un vistazo a una página de mi pueblo. Acaban de colocar esta foto que me ha encantado. El fondo podría ser cualquier calle de mi pueblo, un poco feo.

20.9.05

Sueño


El domingo vi Obaba y me encantó. El libro de Atxaga lo tenía olvidado (lo leí hace siglos, en un verano en mi pueblo, recomendado por EG) y lo fui recordando a medida que la película avanzaba y, bueno, resulta tópico decir que se ha captado bien el espíritu y esas cosas, pero las sensaciones al ver y leer esas historias han sido muy parecidas. No es perfecta pero si especial.
Por el pequeño patio de mi casa del pueblo asoma a diario una lagartija preciosa. Nos miramos ambos mientras tomamos el sol, es más curiosa que yo. Mi madre está empeñada en darle un escobazo (me pone negro cuando lo dice) y me contó que en junio otra lagartija se cayó a un cubo con agua y se ahogó: igual mi colega es su viudo/a y se aburre a solas.
Estoy cansado de algunas cosas (no demasiadas) pero ahora mismo lo que peor llevo es madrugar tanto. El pitido del móvil a las 6:15 me suena a las trompetas del Apocalipsis. Menos mal que son sólo siete días cada mes y medio y que el último de esta tanda es mañana. Se me caen los bostezos sobre el teclado.

19.9.05

Sighisoara, Transilvania, julio de 2005


Cartel a la entrada de una peluquería

Starpubs!

6:50. Desayuno en el Valdai, entre obreros y humo de tabaco, lo de siempre: café y napolitana de chocolate. En la tele comentan que la Pasarela Gaudí se va a llamar Fashion Week, lo que faltaba. Me irrita esta globalización del mal gusto, de lo chorra con pretensiones (cualquier término con la palabra fashion lo es).

Chueca, a la vanguardia, se llena de bares y restaurantes fashion. Donde antes había una taberna casposa y con encanto, la varita mágica de lo rosa (a saber: por detrás a menudo andan empresarios homófobos) lo convierte en un escaparate de amplios ventanales, en tonos blancos, grises o amarillos, con muebles minimalistas y retratos pop de todo a cien (Audrey Hepburn sucks!). Disculpo las cristaleras como lucha por lo visible, en contraste con aquellos bares gays antiguos donde había que llamar a un timbre (que vuelven con mucha fuerza lejos de este barrio: en Lavapiés y Latina cada día hay más) pero no los diseños de franquicia tan aburridos como la gente que los llena: gays horteras, peluqueras, despedidas de soltero/a y algún que otro cura despistao. Una vez dentro podrías estar en cualquier parte del mundo occidental… Vamos: un rollo.

Hace unos meses, en El Cairo, llamé a A. que llevaba viviendo allí varios años, para que nos recomendara algún restaurante. Fuimos a uno, con nombre español, y esperamos en el bar a que hubiera mesas libres para comer. Aunque el restaurante era muy bonito, con muebles coloniales oscuros, plantas y ventiladores, el bar estaba en un pub anexo, y era uno más de la franquicia minimal que nos invade, con musica house incluida y gente foránea. Así que P y yo, muy de acuerdo, apuramos las cervezas y escapamos al centro. Acabamos en un callejón con mesitas bajas y llenos de hombres (¡y alguna mujer!) fumando pipas de agua y donde no tardamos en pegar la hebra con un chico un poco peligroso y muy colocado.

En verano, en Cluj, una ciudad al norte de Rumanía, encontré un bar curioso. Recién cenado, paseando, oí música que venía de un edificio y me colé dentro. Estaba en la 3ª planta, al fondo de una especie de claustro o patio interior precioso y parecía una casa ocupada. El leit motiv, que se repetía por techos y paredes, eran ovejas, pintadas a lo naif y en las camisetas de los camareros un par de ovejas follando (que presidían el mural mayor), bajo el nombre del club: Amnesia (bastante feo, por cierto). Me recordó mucho a los cafés modernos berlineses (con escenas parisienses de entreguerras), incluso la gente era físicamente variada (pero muy muy “europea”) y distinta a los que había visto el resto del viaje. Estuve charlando con una camarera un poco ceñuda mientras observaba a la pareja más guapa de todo el viaje: ella y él eran perfectos, hasta su postura sobre las sillas, su forma de fumar… todo.

Muchas comas, comillas, paréntesis, cursivas… pero he andado tan liado esta mañana que no lo he podido escribir de una sentada.

18.9.05

Alicia, amor y arte


En Filadelfia, no muy lejos de donde Betsy Ross cosió la famosa bandera norteamericana, unas cuantas galerías de arte celebran el First Friday. Hace unos días oí que en Madrid hicieron algo similar, que consiste en abrir de noche, a la vez, esas salas donde, con una copa de vino o champán, disfrutar de las exposiciones o hacer vida social (en Philly, que es como llaman a esta ciudad sus habitantes, esto último es muy importante).

Hace cinco años, en uno de mis viajes, decidimos acudir al evento. Después de callejear por un barrio precioso, con un punto decadente (ese humo y vapores saliendo de ventanas y sótanos subterráneos en callejones oscuros…), nos plantamos en las galerías. Un poco tarde: apenas quedaban visitantes y el cóctel, si lo hubo, estaba más que acabado. Recuerdo salas amplias, con grandes cuadros pop y diseños de muebles simples y bonitos, en espacios claros, fríos, lo habitual en estos sitios.

Hasta que llegamos a un escaparate, casi por casualidad, que nos fascinó a todos. Eran las ventanas de una casa de dos plantas donde lucían unas lámparas especiales. Entramos: del techo colgaban una decena de ellas, con bombillas de baja potencia, con lo que el ambiente no salía de una penumbra entre tenebrosa y hogareña. Los diseños, aunque había de tipos distintos, eran barrocos, sin ser exagerados: una especie de árboles invertidos, de ramas retorcidas que formaban tubos de metal y madera y en las que se posaban objetos como ruedas, muñecos, caballos, flores… repartidos entre varias bombillas. No sé si lo he descrito bien, aunque no tenían nada que ver con el kistch; más bien, ayudados por la poca luz, todo se veía muy homogéneo: antiguo, marrón, como si el Bosco hubiera ilustrado un cuento para niños.

Bajamos la vista: al fondo, en un sillón anacrónico, estaba sentado el “artesano”. Era un anciano cálido, como los abuelos de los cuentos, y en su hombro se apoyaba la mano de otro hombre, algo más joven. En seguida vimos que eran pareja (long time companions: nunca mejor dicho) y que estábamos en su territorio (me acordé de Leavitt y de su escritor de cuentos infantiles en El Lenguaje Perdido de las Grúas). Les dije lo mucho que me gustaban sus lámparas y que me parecían como de fairy tale, a lo que el autor, el único de los dos que habló en nuestra corta charla, me dijo: “Bueno, no exactamente, yo los veo como de Alicia en el País de las Maravillas. Y, está claro, yo soy Alicia”. Así lo creí y les sonreí, encantado por el amor y ternura de la pareja, que habían contagiado a sus lámparas y a todos nosotros.

17.9.05

A por ello


Me gusta la gente, no paro de decirlo. En la calle, entornando mis ojos miopes, no paro de observar y buscar la sorpresa y el regalo a tanta búsqueda. Siempre llega y sonrío como diciendo “ya te lo decía yo”. Es un decir, que soy muy despistado y probablemente no me entero de nada. En realidad, miro y el movimiento y la vida me dan, por una especie de ósmosis, eso que a veces creo que me falta. Soy una cámara, desenfocada y tal, de pestañas largas y tupidas.

Madrid es perfecto.

Domingo noche, bajo Gran Vía a todo gas, llego tarde. En una esquina de Plaza de España apenas miro a un chico rubio que habla con la mujer del quiosco. Me chista y creo que quiere fuego o un cigarrillo, pero ya lo lleva, encendido en la mano que me saluda. Me dice que parezco simpático y nos damos la mano, la suya enorme y fuerte, como todo él. Además es muy guapo. Todo es tan rápido que no sé reaccionar, como siempre, me faltan reflejos. Me pregunta de dónde soy y que hago, el es ruso y viene de echar unos polvos, es chapero. Ha bebido un poco, se le nota en su voz, pero me sonríe y quiere dar una vuelta conmigo. Le digo que he quedado y salgo, casi huyendo, mientras me grita “cuidado con el semáforo”. Dos segundos después me arrepiento de no haber aceptado, lo veo tan grande, tan guapo y tan solo, terminando la jornada de un trabajo sórdido y pidiéndole a un desconocido de ojos amables un rato de charla y unas cervezas. Para mí, una ocasión perdida, pero hay que ser muy rápido y listo para no asustarse de lo inesperado (y atractivo).

Más tarde, dejo a mis amigos y en Sol espero a otros, que tardan mucho. Son las 12, un poco más, y no hay mucha gente. Me siento al lado del Oso, tengo frío en mi espalda y brazos, así que me abrazo a mis piernas. Un grupo de chinos aparece con sus sillas plegables y agobian a quien pasa ofreciendo masajes, iniciándolos casi mientras la gente pasa. Funciona: al momento hay varias personas sentadas. Un moro, alto, como de treinta y tantos, me dice algo, que no entiendo. Seguro que es chapero (también, aunque éste busca ganarse unos euros) porque estoy en la zona donde se concentran, ellos y los clientes. No sé qué piensa de mí pero me hago el tonto durante toda la conversación, que en seguida se pone sexual. Le hago ver que (no es verdad) me escandalizo pero me da que es más listo que yo. En todo caso, charlamos mientras espero y compartimos cerveza (que bebe a chorro, como de un botijo). Me dice que parezco buena persona y no sé si me gusta o no este halago, a veces preferiría que me dijeran otra cosa. Se va, harto de no sacar nada.

Casi a la vez, una de las chicas que se ha dado un masaje se levanta y me pregunta “y tu, ¿qué haces aquí?”. Le digo que esperar a unos amigos y me contesta que pensaba que estaba haciendo otra cosa. Se pone muy roja mientras lo dice y sale huyendo mientras me dice que espera que no me haya enfadado con ella. Le grito que no mientras me río por el equívoco. ¡mira que confundirme con un chapero! (3ª vez que sale la palabra). Sol es siempre curioso, como yo, aunque pocas veces me había metido tanto en escena. Si quedáis en el Oso y vuestras citas tardan, probad a mirar alrededor.

Vaya maneras de comenzar un blog; a ver cuanto me dura y por donde tira. Todavía no tengo claro qué quiero contar, confío en que las cosas vendrán por si solas.