La Edad de Oro
Qué sensación más rara lo de la Edad de Oro de ayer noche. Tanta que, además del poco tiempo libre que tuve ayer, ni sabía cómo comentar. Lo evidente es que el tiempo ha pasado y pasa para todos, que hay gente que no está (Carlos Berlanga, qué triste…) y que todos eran jóvenes, guapos y muy creativos entonces. Incluso ese punto tan ingenuo de las entrevistas les hacía más interesantes. Paloma Chamorro me gusta mucho, tiene un punto pedorro pero me da igual, me gusta. Me cansó mucho todo el tema Kaka de Luxe ¡incluso el programa era un homenaje y rememoraba sus tiempos pasados!¡Menuda vuelta de tuerca! Yo, al menos en esto de la música, no soy de los que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor, así que estas santificaciones retrospectivas que intentan algunos (conocidos míos) me dejan más que frío.[En la videoteca del Reina Sofía se pueden ver todas las grabaciones del programa. Hace mucho tiempo estuve viendo la entrevista y actuaciones de Durruti Column y los Smiths… Así que para los nostálgicos, ahí está todo]Y yo, que no lo soy tanto, disfruté mucho del concierto de Astrud que vino después. Llevaba un tiempo desconectado de ellos, saturado del tema y un poco renegando de que me gustaran, por puro cansancio y pesadez mediática (blogs, etc). Así que me reconcilié y emocioné de nuevo. La palabra geniales pasa por ellos y me encanta como Manolo domina su voz y nuestros oídos. Genís carga un poco: no tengo nada en contra, pero cada día menos a favor. Me disgusta, no puedo evitarlo, su imagen (¡los mitones!) y esos cuatro pelos largos que me dan mucha grima. Y las gracietas, pues bueno. Sin embargo Manolo gana día a día y es un tío estupendo. Poco que decir a un concierto especial (que yo no había visto en directo, yo les seguí en sus giras más playback) y al que en 15 años algunos, que ahora pasan, adorarán como hacen ahora con los roqueros de antaño.
Ha sido una semana muy sociable: he intentado quedar con todos mis conocidos y amigos y menudo tute me he dado. Estos dos últimos días me vino bien, que así olvidaba mis penas, callejeando. La otra noche fue todo muy étnico: Il y yo fumamos shisha/narguile en un bar muy moro y animado de Lavapiés, después se presentó Mareck (contacto de Il de internet, al que veíamos ambos por primera vez), recién llegado de Brno (y con los ojos tan azules como mi dormitorio, de verdad) y lo llevamos a ese bar extraño, que es como una vivienda triplex donde tocaban música hindú, con todos tirados por los suelos, con un punto que no me convence. Menos mal que lo del Bangala no prosperó, que paso de quedarme en calzoncillos en un bar (y era necesario para entrar)







