Edu
Cuando volví de Brujas, con un ojo dolorido por algo que se metió bajo la lentilla, encontré un mensaje de Edu, con planes para esa noche. El novio indonesio de Marc estaba muy bitchy con un paisano suyo de visita (“Ésa vive en el campo, cuidando vacas y atrapando mariposas”. Esa vivía en un barrio periférico de Bruselas) Con mis gafas y el ojo muy dañado apenas los veía, fibrosos y dinámicos, revoloteando a mi alrededor, como las mariposas que (no) cazaban.Edu, tan solícito y atento como siempre, me llevó de cafés en una zona céntrica que no había visitado por mi cuenta. Nos tomamos una Chimay blue, sabrosa, densa y fuerte, una cerveza a saborear y disfrutar (hecha por los monjes del pueblo de Sebastien). Edu es un libro abierto. La primera impresión es extraña: parece frío y contenido, muy formal (su forma tan parisien de vestir…) Y lo es, pero también es amable, complaciente y disfruta como guía y se agradece mucho. Se empapa de los sitios donde vive y lo comparte gentilmente, con un entusiasmo comedido, en voz baja. Le encanta Bruselas: todo son ventajas, excepto que ¡todo el mundo está de paso y le da rabia esforzarse en una amistad con alguien que se va a ir, fijo!
Nos llevó, junto a cuatro hispanohablantes a un restaurante en plena Grand Place, de comida belga tradicional. Pedí una especie de guiso de carne asada en una salsa semidulce de frutas, con puré de verduras. Muy rico. El grupo me cayó bien, muy heterogéneo y a medio formar, divertido. Esperamos por una mesa en un bar [Goupil Le Fol: en écoutant de la bonne Chanson Française à texte, dans un décor abracadabrant] abarrotado de decoración: los pocos centímetros cuadrados libres de cuadros (muchos de la reina Fabiola) y adornos, estaban llenos de firmas y corazones de los clientes. Se oía canción francesa, Brel, Piaf, Barbara… Pedimos licores destilados de frutas, suaves y contundentes. A la una y pico, entre la sequedad del aire y que mi córnea seguía mal, volvió el dolor terrible a mi ojo derecho y tuve que escaparme a casa, frustrando mi pretensiones de cancaneo belga (otra vez será). Edu me acompañó y me indicó en un plano sitios a visitar el domingo (un mercadillo callejero, calles de tiendas y antigüedades, la tienda oficial de Tintin, chocolaterías)
Por la mañana, después de pasear mandé un mensaje a Edu, ilusionado por que viera su casa nueva. Me esperó en Botanique y compramos unas Chimay antes de llegar a su piso en obras, donde esperaban los obreros: sus suegros y un primo, creo, de Denis (su novio entomólogo, especializado en abejas y de ruta por Omán en su búsqueda). La casa, a la que se accede por un ascensor propio, tiene tres salones con chimenea consecutivos, una cocina con terraza y dos dormitorios. La luz de anteayer, difusa por una humedad pre-tormenta, iluminaba cada habitación a caricias, intentando quitar peso a lo precario de la obra y animando a los obreros a mimar las estancias, tal y como estaban haciéndolo. Desde el salón se avista una iglesia real (con tumbas de reyes, según Edu) inmensa, en tonos gris claro, que da a una plaza irregular. Comimos pizza turca y pasteles entre aperos y paredes recién enyesadas, de pie, intentando no agobiar a Edu en su labor de intérprete. A Edu sus suegro lo ven medio turco y lo parece en una foto de carnet que llevaba como marcador en su libro (es la persona con más pelo en la cabeza que conozco, es tan espeso que parece opaco y sólido) Brigitte, la suegra, me enseñó una foto de Denis postadolescente, clavado al padre, aunque ella se empeñó, muy orgullosa, en que se parecía más a ella. Acabamos hablando de belgas ilustres, de música… Le comenté que había visto hacía poco una actuación de Jane Birkin y me preguntó que si todavía seguía plana (tocando sus pechos) quizá celosa por haber sido el amor de su idolatrado Gainsbourg. Cuando le pregunté que si éste también era guapo (no, vease la foto) me dijo “¿Para qué? Dios no necesita ser guapo”. Me despedí, medio celoso de esta familia belga rural que adora a Edu, el novio de su hijo.

3 Comments:
Me alegro de tu vuelta y, como el "pequeño" egoista que soy, siempre quiero más
Me chifla! la forma que tienes de contar las cosas, me chifla...aunque la palabra suene cursi... me¡¡¡¡
Quiero ir al mercadillo de Bruselas y encontrarme con Edu ....
y sobretodo quiero seguir leyendo esa delicada forma que tienes de contarlo. Una forma muy receptiva y sensible, inventaté una vida entera de encuentros ...
Lo haces bien, y yo he leído mucho, te lo aseguro...
Gracias a ambos.
Quiero escribir más (algún viaje ha caido desde este post) pero ando pillado de tiempo y necesito relajarme un poquito.
2 besos.
Publicar un comentario en la entrada
<< Home