juancorre

7.11.07

Mohamed o Fatima

Un grand taxi es un Mercedes modelo nosecual que parte hacia su destino cuando el cupo de pasajeros se completa (es decir, seis personas: dos en el asiento al lado del conductor y cuatro atrás) La opción más rápida en mi vuelta a Casablanca desde El Jadida, hace sólo dos días. Y la más incómoda: a la media hora, encajado entre un chico serio con gafas de sol y una señora voluminosa, creía morir de dolor, ahogo e impotencia. Quería gritar: “paradme aquí que ya me busco la vida”. Para rematar, en el preciso momento en que cruzamos un rebaño de ovejas, un carnero embistió traicioneramente contra el culo de una joven cercana, que gritó dolorida y se volvió al atacante. Otro pasajero comentó algo entre risas, y provocó la mía, imposible y punzante en esa posición. El trayecto terminó en una ciudad inmensa, fea y ruidosa, sin gracia, donde deambulé por la medina, la mezquita de Mohamed V y supliqué, ya en el aeropuerto, que abrieran el embarque para conseguir mi tarjeta, a media hora del vuelo.

Lo demás: perfecto. Excepto en Fes, donde el asalto de falsos guías es continuo, los contactos con el foráneo, yo, han sido cordiales, divertidos y, de verdad, continuos. Nunca había hablado (en idiomas y medidas distintos) con tanta gente [Qué locura: tengo que aprender francés]

Cerca de Meknes, Volubilis (Oualili) me enseñó sus piedras milenarias (¡un precioso antepasado de binsent hecho de teselas!) entre ráfagas de aire soleado, cipreses de casas señoriales romanas y olivos fragantes. No disfruté mucho las ruinas (una mina para los aficionados) pero el entorno y el clima me entusiasmaron. Rehusé la invitación a comer de un atento encuestador, filólogo hispánico, y junto a las francesas más sosas de París, vía Moulay Idriss, volando rumbo a la capital, sede de madrazas y mezquitas, santuarios y de un ciclópeo almacén de grano, irreal y fascinante.

En el hamán del barrio, como un sueño erótico, los hombres de todas las edades, se dedicaban a su aseo, afeitado y demás, bromeando en bañador. Contra el suelo y sufriendo, me dieron una masaje extremo: me despellejaron literalmente y crujieron todos mis huesos. Yo sólo quería ver lo que había alrededor (de todos los hamán que visité, uno diario, este fue el más completo: mucho que observar) Acabé la noche en un antro, con chicas y cerveza, al que (como ocurriría más días) llegué por casualidad. La gente, entre fumada y borracha, bailaba espasmódicamente música rítmica y alucinada que nunca había oído antes (que me encantó y no conseguí comprar)

Y, bueno, el resto similar. Se le puede llamar intenso; ni un minuto perdido. En Jadida, en un bar nocturno, hubo dos peleas en media hora (con botellas rozando mi cabeza, sin parar la actuación musical de un cantante de labio leporino) Hay en estos bares con alcohol, escasos, una sensación de tensión latente: no saben beber. Todo se acaba arreglado entre abrazos, llantos y besos de los implicados, forzados por el resto y que la fiesta siga, hasta la siguiente trifulca. Me senté al lado de un bereber alto y atractivo, que ni siquiera hablaba francés y que acabó abrazado a mi y ofreciéndome su casa (y su cama, creo) diciéndome “Merhaba, a la maison” señalándonos a los dos. Por una vez tiré de sentido común y me escapé de su etílico abrazo, cuando me moría de ganas de dormir junto a él.

Ayer, al abrir el messenger, me llegaron varias invitaciones pendientes que acepté. Ni idea de quien eran. El primero conectado, resultó ser Walid, al que conocí nada más bajar del avión y que volví a ver después. Lleva tres años con su novia, de Badalona, a la que acababa de embarcar entonces. Es un chico majo pero con un punto impasible y sonriente, extrañamente tranquilo. Ayer estaba preocupado, me preguntaba insistentemente por las reacciones aquí a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla (los territorios expoliados, según los medios marroquíes. Por mí que se los queden, pero con los Reyes dentro) Quiere casarse con su novia y teme problemas burocráticos por este conflicto. Ya le dije que era una tormenta pasajera que iba a olvidarse en breve.

El cuadro es de Mustapha Rafik, del que vi una exposición que me gustó mucho.